Los relatos de agresiones violentas de forma intencional acaparan buena parte de las conversaciones de los salvadoreños en su cotidianidad. También son punto de quiebre en las jornadas médicas.
Entre enero y junio de 2010, el Hospital Nacional Rosales, el centro médico más importante del país por su grado de especialidad, reporta 1,360 personas atendidas, luego de haber sido víctimas de una lesión por arma de fuego, objeto punzante o paliza.
Los números no se quedan atrás al compararlas con las cifras de homicidios diarios, que en agosto alcanzaron 11 muertes por día. Las lesiones en promedio tienen 7.5 por día.
El perder grandes cantidades de sangre, haber sido dañados en órganos vitales como el corazón o daños irreversibles en la cabeza son buena parte de los factores.
Solo con las cifras del Rosales, en el primer semestre, se puede prever que el total de atenciones a escala nacional por violencia en el país se duplicarán. Así lo señalan los comparativos nacionales de 2009 con los actuales del Rosales.
Los consolidados nacionales apuntan que el total de atenciones por violencia en todas las emergencias del país en 2009 fueron 1,821 lesionados, pero se debe tomar en cuenta que dicho dato de país suma tres meses más de atenciones (julio, agosto y septiembre). Una brecha de 461 casos más los distancia de los del Rosales (1,360 atenciones). Los médicos supone que al agregar las atenciones a escala nacional, la cifra ya pudo ser rebasada.
Del universo global de heridos, 92 salvadoreños perdieron la vida en los sucesos violentos.
El 77% de muertes en atenciones por violencia en el Rosales fue ocasionado por uno o varios disparos (71 casos). “Se ve que hay una fuerte intencionalidad de asesinar. El asunto no solo es lesionar”, explicó el cirujano Juan Antonio Tobar, jefe de la Unidad de Emergencias del Rosales.
Y hay lesiones fatales. El jueves 2 de septiembre, en circunstancias no establecidas, una joven de 16 años murió en el quirófano tras un disparo en la sien.
Once salvadoreños murieron en el primer semestre del año en curso tras ser apuñalados con navaja, lesionados con corvo u objeto punzante. Además, 10 pacientes no resistieron los daños ocasionados por una paliza.
Los jóvenes en edad económicamente activa, entre los 20 y 35 años, son los más atacados. Al menos seis de cada 10 atendidos están en ese rango, reconocido como la edad pico de ataques.
Las tendencias de horas en que más ocurren los hechos violentos están identificadas en los historiales médicos y son entre las 5 a 8 de la mañana, y desde las 6 de la tarde hasta la medianoche.
Las circunstancias de las lesiones no son establecidas, porque los hospitales se limitan a dar atención médica.
Al basarse en el parámetro del Rosales se puede comprobar que los agresores ocupan constantemente los puños y las patadas para atacar a tal punto que las cifras de vapuleados encabezan las estadísticas por causa violenta. Un total de 715 personas fueron ingresadas tras recibir una golpiza, la mayoría de casos propinadas en grupo.
Aunque no existe una subcategoría detallada en el Programa de Lesiones de Causa Externa del Ministerio de Salud, que recopila la información de lesionados y lapidados –personas atacadas con piedras–, forman parte del universo de apaleados con saña.
Este año, al menos, cuatro salvadoreños han sufrido lesiones en el cráneo y la cara, luego de haber sido apedreados, según los testimonios de médicos del principal centro asistencial.
“Se ve cada vez más un nivel de intencionalidad grande. Es sorprendente el alto número de personas lesionadas y heridas. Es un desastre en cómo estamos enfrentado como sociedad este tipo de lesiones”, reiteró Tobar.
Las estadísticas del Rosales señalan que la segunda causa de atención por hechos violentos la ocupan los heridos con arma blanca y que totalizan 330. La cifra incluye a los lesionados con herramientas que tienen punta.
La creatividad para dañar está a la orden del día, como desarmadores, vidrios puntudos, tenedores e infinidad de objetos son utilizados por los agresores.
Tal cual si fuera enfermedad, el plomo también pasa su factura a la salud de las personas. Un total de 315 salvadoreños fueron lesionados por arma de fuego en diversos puntos del país y remitidos al Hospital Rosales, un centro médico donde son frecuentes los desabastecimientos de medicamentos. En ocasiones, no hay guantes para realizar operaciones programadas, según dicen los cirujanos que son testigos de las carencias internas.
Las facturas que pasa la violencia social no son un secreto. Los recursos que bien podrían ser utilizados para tratar a enfermos crónicos se tienen que desviar en atenciones de hechos prevenibles con una estrategia de país, asegura Mauricio Ventura Centeno, cirujano y director del Rosales.
Aunque el gasto de 2009 y 2010 no estaba a la mano, Salud invirtió $4,008,618 en atender a lesionados por la violencia en 2008.
El banco de sangre, en un país donde las donaciones son escasas, también se resiente. Existen lesionados que necesitan hasta cinco cambios de sangre en su cuerpo durante su atención. En ocasiones, los cirujanos requieren hasta 24 unidades. El promedio normal de un paciente grave es de tres.
Otra de las unidades de emergencia que también sufre la epidemia de violencia es el Hospital de Niños Benjamín Bloom. Un total de 27 menores han sido atendidos en 2010 por lesiones de bala, pero salvo a excepciones, la mayoría de ataques fueron indirectos. “El trauma y las lesiones desangran los presupuestos de los hospitales. Hay escasez de muchos insumos y los medicamentos”, concluyó Tobar.
Fuente: La Prensa Gráfica
