Cuando tiene tos los médicos diligentemente le examinamos, ordenamos estudios y medicamos para curarle. Es trivial preguntarle a su pareja si la tos le desveló.Similar problema tenemos con respecto al hombre que se presenta con Disfunción Eréctil Masculina (DEM)... ¿Y con su pareja, no es genuino permitirle aprender, colaborar, y manejar sus propias reacciones con respecto a la situación? La DEM es un trastorno de la excitación en el ciclo de la respuesta sexual masculina en la que la erección resulta afectada en calidad, duración o circunstancia, al grado de impedir que se logre el ciclo de la respuesta sexual humana.

Él puede no tener erección para nada, lograrla brevemente y perderla, mantenerla mientras está con ropa y perderla después, tenerla presente y completa algunas veces y otras ausente, etcétera. Para agregar, puede haber factores psicodinámicos, o mixtos orgánicos y psicoanalíticos, que hay que entender y resolver.

La DEM crea una seria alteración en la autoestima del hombre. Según la dinámica de identidad de genero, no basta con poseer pene, se debe ser diestro en su uso, incansable, insaciable en su apetito para ser “viril”, e implacable al pretender seducir y conquistar. De allí, que íconos de la masculinidad como el “Agente 007”, “Águila Negra” y “Pedro Ordimales” nunca faltarán. ¿Ahora comprende por qué nunca falta quien cante “El Rey” de Vicente Fernández?

Cuando la DEM inicia, las excusas y comprensión surgen, “estaba cansado”, “fueron los tragos”, “estaba nervioso”. De la comprensión, aparece la duda, “¿será que no le gusto”, «¿me quiere?”, “¿tendrá algún lío con su masculinidad?” Aparece la ira, “¿qué le pasa?”, “egoísta, me niega mis necesidades”, “entonces tiene otra”, “¡no me quiere!” Así debuta la melancolía que se funde con todo lo anterior, “es nos llevamos como hermanitos”.

La pareja se siente sola en este proceso. Además, temerosa de expresarse porque sobre ella hay dos condiciones de censura cultural, “la que reclama placer es una mujer sucia” y “el hombre es el experto, ella queda a expectativa de su proceder”. ¿Cómo me vería si reclamo, pido o sugiero?

“Ser o no ser”, “¿someterme la falta de placer que eventualmente me significará el displacer de mis propias necesidades insatisfechas, el auto abandono, o atentar al orden y buscar mi complacencia?” Surgen una cantidad de opciones desde la exploración del placer sexual a solas, sustituirlo por la bebida, el exceso de trabajo, ejercicio hasta el cansancio, las amistades. Los riesgos y las oportunidades a iniciar relaciones paralelas surgen, con la posibilidad indudable de inestabilizar la relación actual. Hay que hacer algo. Comencemos por ser sensatos, pues AHORA EL PROBLEMA ES NUESTRO, romper el velo de silencio, que a veces ensordece. HABLAR. ¿Qué tipo de DEM adolecemos, consultemos? Si es psicodinámico, ¿cómo doy el espacio para que trabajes tus dificultades? ¿Qué hacemos para desarrollar un erotismo compartido? ¿Cómo te enseño a complacerme sin atropellar tu proceso? Reafirmar el vínculo de intimidad, integración y amor, para que ambos estemos motivados a perseverar. “Te respeto, nadie cae en esto porque quiere.”

Cuando hay factores orgánicos, hay que seguir los consejos nutricionales, cambios de hábitos, estilos de vida. Animar a tolerar los sacrificios en aras de lograr la mejoría, y la frustración de ver pendiente pero cada vez más cerca el beneficio de la inversión.

Recordemos que la funcionalidad erótica no solo es placer y afecto, también salud, vinculación, trascendencia y calidez. Amar exquisitamente es ser sexaludable.