Desde hace algún tiempo muchos pacientes me preguntan: Doctor, y ¿cuál es su especialidad?, a lo cual respondo: “Soy especialista en Medicina Familiar” y casi siempre recibo como comentario: “Ah, médico general”. Esto me hace reflexionar y creo necesario hacer una breve descripción de lo que significa ser especialista en Familia.
En primer lugar es una especialización como Medicina Interna, Cirugía, Ginecología o Pediatría, es decir, luego de ser médico general se estudia nuevamente durante tres años más para poder optar al título de especialista, hasta entonces se es Médico de Familia.
Todos en alguna ocasión nos hemos topado con algo similar a esto: “¡Ah!, fíjese, doctor, que también tengo este dolor en la rodilla desde hace algunos meses, y me está molestando”. Y recibimos la respuesta: “Eso no lo veo yo, lo voy a mandar donde otro médico”. Y así se pasa de médico a médico sin obtener una verdadera respuesta.
Entonces nos preguntamos: ¿Habrá algún doctor que pueda verme de manera como un todo, que no separe mi corazón de mi cabeza, o de mis huesos, alguien que se interese por mi familia o mis sentimientos?
La respuesta es sí, y esos somos los médicos de Familia, quienes ejercemos un tipo de medicina a la que le interesa más la persona, no la enfermedad.
Esto significa que el diagnóstico centrado en el paciente proporciona la descripción de un ser humano cuyos conflictos y sufrimientos se pudieran reconocer y comprender en la consulta, por lo que se espera que las decisiones del médico no solo se basen en estadísticas, sino en las necesidades específicas del paciente.
La especialidad de Medicina Familiar cuenta con principios éticos en su actuar, lo que significa que no se “da consulta” solo por darla, sino que se sigue cierto código de ética que nos obliga a pensar en el paciente como el verdadero ser humano que es, sin separar órganos de sistemas, familias o comunidades.
El médico de Familia está comprometido con la persona más que con una enfermedad o grupo de enfermedades
Este principio significa que los médicos familiares nos comprometemos con una persona, es decir, nos convertimos en su “médico de cabecera”, conocemos sus intereses, pensamientos, temores, y tenemos la suerte de conocer a sus familias, el cual es un elemento indispensable para negociar tratamientos a largo plazo.
El médico de Familia está siempre dispuesto a ayudar en cualquier problema de salud que tenga el paciente o su familia de cualquier sexo o edad. Somos responsables de la evaluación inicial de los pacientes y de decidir si pueden seguir siendo atendidos por nosotros o por algún otro especialista.
Es necesario aclarar que aunque nuestro paciente necesite una cirugía o algún procedimiento que no estemos capacitados para hacer, no significa que deja de ser de nuestro interés.
El procedimiento termina, la cirugía cicatriza con el tiempo, pero el paciente seguirá estando en nuestras manos, o para curar alguna enfermedad, o para lo más importante, evitar que llegue nuevamente a la sala de operaciones. El médico de Familia se esfuerza por comprender el contexto de la enfermedad.
