PREGUNTA: Estoy en Estados Unidos desde hace algunos pocos meses con mi segundo matrimonio. En este país me siento bien, liberada de presiones, pero mi felicidad no es completa. Tengo una tristeza muy grande. Mi hijo de seis años, de mi primer matrimonio, me pega en sus tremendos ataques de histeria, me insulta y me dice que me va a matar. Yo no le pego, lo sostengo con brazos y piernas en el suelo porque tiene muchas fuerzas y ha recibido clases de taekwondo. Lo tengo en el suelo por varios minutos. Las razones por las que entra en estas crisis son dos: pedirle que estudie, que me ayude a recoger los juguetes. Tiene de 2 a 3 rabietas diarias. Me acusa de querer matarlo, le pega a mi esposo, quiebra objetos de la casa, amenaza con suicidarse, grita llamando a la policía y a veces quiere destruir la casa con objetos peligrosos. Me siento desesperada y un consejo de su parte lo agradecería.
RESPUESTA:
Tiene usted suficientes motivos para estar desesperada, ya que el comportamiento de su hijo es preocupante. Desde mi punto de vista, tomando en cuenta frecuencia e intensidad de los episodios que me describe, así como el alcance del comportamiento, es URGENTE una intervención psiquiátrica para su hijo. Es sumamente importante que entienda que la conducta de su hijo supera los aspectos de la voluntad de él, es decir, no se trata de resolverlo solo “hablando” y que él se comprometa a no repetir los comportamientos que está manifestando. En este caso, esa estrategia no conduce a resolver el problema. En una parte de su carta usted me cuenta que cuando aún vivían en El Salvador su madre le confesó que este comportamiento sucedía desde hacía algún tiempo y que se desencadenaban hacia ella y hacia una hermana de usted. También entiendo que su intenso trabajo para poder hacer frente a su responsabilidad de madre con ausencia del padre del niño la obligaba a estar fuera de su casa la mayor parte del día y que por eso no se llegó a enterar a cabalidad de lo que estaba ocurriendo con él. Ese ocultamiento del comportamiento destructivo de su hijo evitó una intervención médica a tiempo para evitar que la conducta se deteriorara más de la cuenta. El mayor problema es que al no haber intervención terapéutica oportuna se va deteriorando más la conducta de su hijo. Observe que no solo hay comportamientos agresivos, sino que estos van acompañados de un alto componente destructivo, que, en el peor de los casos, podría poner en peligro la seguridad de ustedes como la de él mismo. Y esto es algo que se debe evitar a toda costa.
Por favor, es sumamente importante que de su parte no haya un miedo o un prejuicio a la posible medicación que se le prescriba, es fundamental su apoyo en este sentido. No puedo elaborar un diagnóstico, pues sería irresponsable de mi parte hacerlo si no he visto directamente a su hijo, pero puedo inferir que solamente el abordaje psicológico es insuficiente.
En mi experiencia he encontrado que cuando tenemos niños o jóvenes con disposición a la agresividad se complica más el comportamiento si practican artes marciales. No da resultados esa idea popular que sugiere que en esos deportes los muchachos “descarguen la ira” para no mostrarse violentos en otros ambientes. He visto que la situación se vuelve peor. Soy de la opinión que a los niños o jóvenes violentos se les debe evitar practicar deportes violentos. Y este es mi consejo para su hijo.
