La violencia es uno de los problemas más preocupantes en la cotidianidad del salvadoreño común. Las cifras oficiales registran un promedio de 12 muertos por violencia al día.

Pero este problema no solo llama a hablar de sus causas sociales ni de sus efectos en la economía, ¿Qué pasa con la salud mental de quienes presencian un hecho de violencia, o peor aún, de quienes son víctima y viven para contarlo?

Maribel se dirige a la universidad en el microbús de la ruta 44. De repente, la punta de una pistola en su cintura la saca de sus pensamientos; el hombre de al lado le pide su celular, pero ella no lo encuentra porque le tiemblan las manos. El asaltante empuja con más fuerza el arma y ella puede sentir la presión en sus costillas, luego el hombre le arrebata la cartera y se va.

La joven se baja desorientada en la siguiente parada y llora. Por meses no quiere volver a saber nada de microbuses y son comunes las pesadillas sobre el asunto.

El estrés postraumático es un trastorno descrito en el DSM IV (la “biblia” de los psiquiatras), explica el doctor Ernesto Urquilla, pero los primeros planteamientos del asunto se hicieron luego de la Segunda Guerra Mundial y el conflicto entre Estados Unidos y Vietnam. Entonces se creía que los síntomas como ansiedad, pesadillas repetidas y revivir la experiencia mentalmente se daban en personas traumatizadas luego de un evento masivo como un terremoto o la guerra misma.

No obstante, desde mediados de los noventa la psiquiatría aplica el término a las personas que sufren los síntomas debido a situaciones tan cotidianas en El Salvador, como la de Maribel.

Se trata, dice el psiquiatra, de experiencias en las que la persona siente cerca la muerte propia o la de un ser querido. La condición mental generada, que puede durar incluso muchos años, afecta cada aspecto del individuo, agrega el doctor Urquilla, quien ve decenas de estos casos como psiquiatra de Medicina Legal.

Por ello el tratamiento oportuno es fundamental para la salud mental de estas personas, advierte el médico. ¿Cómo será la vida de una niña que vio morir a su mamá en manos de un asaltante, o de aquella que fue violada por años por su propio padre? ¿Qué pasará por la mente del hombre que fue golpeado para robarle su carro, o de la familia que tuvo que dejar todo porque fue víctima de extorsión?

El doctor Urquilla dice que parte del manejo es la terapia de apoyo, que el paciente confronte su problema y lo que lo causó, e incluso en un primer momento fármacos calmantes.

“Lo más importante es evitar el estrés postraumático crónico”, agrega el especialista. Hoy por hoy, afirma, se ven personas aún traumatizadas por el conflicto armado. En casos graves el afectado puede llegar a tener episodios de psicosis, lo que supone alucinaciones y delirios.