“En el caso de una violación y abuso sexual, la culpa y el miedo suelen ser comunes”, explica el psiquiatra Ernesto Urquilla. Luego de un episodio como este o de otro que le genera un trauma, el niño puede tener sueños terroríficos o comportamientos agitados, entre otros síntomas.

“La prevención de hechos como la violación sexual es un primer paso en cuanto al manejo del estrés postrauma”, asegura el médico.

El trastorno que se vuelve crónico ocasiona dificultad del individuo para desarrollarse en lo social, lo laboral y lo emocional.

La sensación de un futuro desolador es un síntoma frecuente que puede durar años, así como dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad o enfermedades psicosomáticas, es decir, que no tienen causa física encontrada.

Estas consecuencias del evento traumático también las pueden vivir los adultos, pero muchas veces en el niño suelen confundirse con su idiosincrasia.

El tratamiento oportuno puede evitarle, además de sufrimiento, una difícil adaptación a su medio.