Existen algunas enfermedades que por pena o temor a su posible tratamiento la población evita consultar de manera oportuna, dando pauta a que la situación se complique.
Entre estas enfermedades se encuentra la balanitis, la cual es exclusiva del sexo masculino. Puede darse en niños aunque es más frecuente en adultos. De hecho, el 3% de la población masculina no circuncidada a escala mundial la adolece y representa el 11% en la población adulta y el 3% en la población infantil de consultas por enfermedades genitourinarias; sin embargo, estos datos podrían aumentar si toda la población afectada rompiera el tabú en cuanto a consultar las enfermedades íntimas.
La balanitis deriva del griego bálanos: bellota (en relación con la forma del glande); e itis: inflamación. Se define como la inflamación del glande o cabeza del pene. Cuando afecta también el prepucio (tejido que recubre el pene) se le denomina balanopostitis.
Puede deberse a una infección de tipo bacteriano, viral o micótico (hongos, encontrándose con mayor frecuencia Cándidas), así como también puede ser un síntoma de alguna otra enfermedad inflamatoria o dermatológica.
Las causas más frecuentes que la producen son: coitos excesivamente vigorosos, higiene inadecuada del área genital, dejar restos de jabón acumulados debajo de la piel y la retracción incorrecta del prepucio al bañarse; también puede ser ocasionada por irritaciones provocadas por preservativos, lubricantes vaginales, jabones irritantes, y otros.
Una población sumamente propensa a adolecer de esta enfermedad son las personas diabéticas especialmente si sus valores de azúcar no están debidamente controlados y aquellos que adolecen de defensas bajas, es más, usualmente estos grupos tienden a adolecer de balanitis a repetición.
En algunos casos la balanitis puede ser ocasionada por enfermedades de transmisión sexual como la gonorrea o la candidiasis.
Los hombres que la adolecen presentan en su glande o prepucio los siguientes síntomas: enrojecimiento, mal olor, inflamación, sarpullido, puntos rojos, ardor, picazón, secreciones, resecamiento y fisuras; además de otros.
Es usual que sus relaciones sexuales no sean placenteras, ya que afecta su autoestima y causa mucho dolor, lo que da como resultado “indiferencia” con su pareja.
Amigo lector, esta enfermedad es curable aunque en algunos casos se vuelve recurrente. El tratamiento va a depender de cuál es la causa que lo origina, además de implementar medidas de higiene dirigidas al área genital. En algunos casos puede ser necesario practicar la circuncisión.
En la población diabética es vital llevar un manejo paralelo de su control de azúcar junto con la balanitis. Nunca es recomendable automedicarse, ya que puede complicar el cuadro y causar un edema de gran magnitud que ocasiona fimosis, la cual es la imposibilidad para retraer el prepucio hacia atrás debido a la adherencia del tejido.
Es importante que así como la medicina va a la vanguardia, las personas también den muestra de apertura para tratar enfermedades cuya mayor complicación no es la enfermedad en sí o el tratamiento, sino las barreras mentales que impiden consultar con su médico llevando consigo pérdida en su calidad de vida.
Rompa sus barreras mentales, ignorar este tipo de enfermedades no es la solución.
