Este descubrimiento sugiere que, en algunos casos, la sobrealimentación está genéticamente programada. “Esta investigación (...) nos dice más sobre cómo algunos chicos son más propensos que otros a responder a señales en sus cuerpos que los alientan a comer más cuando están llenos”, dijo Jane Wardle, del University College de Londres, quien dirigió el estudio.
“Saber cómo trabajan los genes es el primer paso para minimizar esos efectos negativos”, agregó la autora.
La obesidad, que incrementa el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y los problemas cardíacos, se está volviendo cada vez más un problema global, dado que las personas ejercitan menos y llevan estilos de vida más sedentarios.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que hay alrededor de 400 millones de personas obesas en todo el mundo.
El FTO se ha relacionado desde hace mucho con la obesidad. Las personas con dos copias de la versión “obesa” del gen pesan en promedio casi 3 kilogramos más y son casi un 70% más proclives a tener obesidad que aquellos sin esas variaciones.
