Estudios anteriores han mostrado una relación entre el CI y la mortalidad, pero conseguir una explicación no ha resultado fácil. Se trata de una cuestión importante, dado que identificar esos mecanismos ayudaría a comprender los orígenes de las desigualdades de salud, afirmaron losinvestigadores.
“La relación entre CI y mortalidad surge a principios de la adultez, cuando aún la mayoría de enfermedades graves no son tan comunes”, apuntó el líder de la investigación Markus Jokela, quien actualmente trabaja en el departamento de psicología de la Universidad de Helsinki (Finlandia). “Entonces, el papel del CI no se limita a la manera en que la persona se enferma o maneja las enfermedades en la vejez”.
El informe aparece en la edición en línea del 10 de agosto de la revista Pediatrics.
Para el estudio, el equipo de Jokela recolectó datos sobre 10,620 hombres y mujeres que participaron en el Estudio británico de cohortes de nacimiento de 1958, a quienes se administraron pruebas para medir el CI a la edad de 11 años. Los investigadores dieron seguimiento a estos individuos hasta la edad de 46 años.
Encontraron que la evaluación del CI a los 11 años de edad predecía el riesgo de mortalidad a partir de ese momento y hasta los 46 años, de manera que el riesgo de morir en la mediana edad era alrededor de dos veces superior en individuos que tenían CI bajos frente a aquellos cuyos CI eran más elevados (3.4 frente a 1.7%, respectivamente).
Esta asociación se mostró mayormente independiente de varias medidas de características infantiles del desarrollo y los antecedentes familiares, como el peso al nacer, la estatura a los 11 años, las conductas problemáticas, la profesión del padre, el interés de los padres por la educación del niño, el tamaño de la familia y las dificultades familiares, señaló Jokela.
Las variables sociodemográficas de la adultez, como la educación, la profesión, el estado civil y las conductas de salud, como fumar, el peso, el uso de alcohol y los síntomas psicosomáticos “explicaban relativamente poco sobre la asociación entre CI y mortalidad”, aseguró.
“Los hallazgos implican que el CI es un determinante importante de la salud y el riesgo de mortalidad, independientemente de muchos factores de riesgo sanitarios bien establecidos”, dijo Jokela. “Esto amerita nuevas líneas de investigación para identificar los mecanismos mediante los cuales el CI se asocia con la salud y el riesgo de mortalidad”. Talvez los individuos que cuentan con un mayor coeficiente intelectual comprenden mejor la información sanitaria de los mensajes públicos de salud y por lo tanto toman mejores decisiones cotidianas sobre su salud que no se capturan mediante las medidas usuales de conductas sanitarias.
